Cuantas veces escuchamos grupos de trabajo lamentándose de todo lo que les sucede al rededor o buscando responsables y culpables; discutiendo, de forma casi adictiva, sobre todo lo que otros deberían hacer y lo que otros no están haciendo. Quejándose y malhumorando todo aquello que no pueden porque otros se los impide, porque otros no son capaces, o porque otros no toman las decisiones que debieran tomar.
Una de las características de los sistemas que sobreviven al entorno es la capacidad de adaptarse. Adaptarse no significa “ser igual a”; adaptarse significa cambiar y mejorarse para lograr aprovechar las ventajas que este entorno ofrece.
Entonces, ¿Cómo sobrevivir en un entorno en donde lo que sucede al rededor no es tal cómo lo esperamos? ¿Acaso la inacción de la queja, cambia algo de eso?
¿No deberíamos modificarnos para adaptarnos al entorno a fin de aprovechar sus ventajas y encontrar oportunidades dónde otros no las ven?
Es mucho más productivo agregar a nuestras quejas acciones positivas. Acciones que por más simples o sencillas, sirvan y produzcan (aunque parezca imperceptible).
Soy de la idea que un pensamiento positivo trae otro y este otro más y así sucesivamente. Lo mismo sucede con las acciones. Una pequeña acción positiva traerá otra y otra… sucesivamente.
..